"Aquellos que eran vistos bailando eran considerados locos por quienes no podían escuchar la música", Nietzsche.
Déjame que grite cada vez que pierdo a las cartas, que grite como si fuera un niño pequeño que no sabe perder, porque es la primera vez que juega.
Déjame que baile retándote a ver si puedes igualar los movimientos de mi cuerpo al son de la música y que me sorprendas con algo mucho mejor, que me haga seguir bailando como si no hubiera un mañana.
Déjame que desayune espaguetis con tomate y que me sepan mejor que un café con tostadas, a pesar de ser las siete de la mañana.
Déjame que te cuente mis miedos sin miedo.
Déjame cantar a grito pelado por la calle y que la afonía me dure dos días, para que cada vez que abra la boca, me salga una sonrisa al recordar ese momento de locura.
Déjame quedarme dormida en el sofá y que un gato guarde mis sueños, que venga a arañarme despacito por la mañana, porque el sol hace ya tiempo que salió.
Déjame recordar cómo era reírse a carcajadas...con solo una mirada.
Déjame hacerte llorar, para poder limpiarte las lágrimas mientras hago esfuerzos por tragarme las mías.
Déjame vivir más fines de semana así.
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martes, 9 de febrero de 2016
jueves, 19 de noviembre de 2015
Viajar
"Viajar es volverse mundano, es conocer otra gente, es volver a empezar. Empezar extendiendo la mano, aprendiendo del fuerte, es sentir la soledad". Gabriel García Márquez
Me contagié desde bien pequeñita. Íbamos a vivir en Gran Canaria, porque mi padre trabajaba allí cuando se casaron. Pero mi madre aprobó las oposiciones y, ya entonces, un trabajo fijo era el que marcaba aquella decisión. Vamos, que no se ha descubierto América con esta crisis (¿económica?,) que se extiende a cualquier rincón del mundo. ¡Coño! ¡Si ése es el mayor de mis sueños! Quién fuera crisis económica...
Y aquel garbanzo dentro de mi madre, que debía medir servidora entonces, volvió a subirse a un avión de vuelta a la Península, porque lo que iba a ser un cambio de vida, se convirtió en luna de miel.
A los 6 días viajé a Burgos. Sí, mis padres eran unos inconscientes. Pero era un rasgo inherente a su juventud, y mi abuelo materno tenía que conocer a su primera nieta... tras haber perdido una de sus piernas. Puto tabaco.
Siempre dice mi padre, cuando le hablo de viajar a otros países, que si conozco Cuenca. ¡Y qué razón! Me llevó a cualquier rincón que pudo, pero empezando por mis orígenes. La Costa del Oxígeno, los caminos que rodeaban Navacervín, me enseñaron cuán ancha es Castilla, e, incluso, pude comprobar cómo el mundo se acababa en Finisterre.
A mis 11 años nos fuimos a París. No, mis padres no vinieron. Vinieron mi hermana, 7 de mis primos paternos y otros dos adultos, a participar en la luna de miel de una de mis tías y su marido. Viaje romántico donde los haya, vamos. Me acabo de dar cuenta de que la clave son las lunas de miel.
Y, después, el mes Sheffield y Londres, el Erasmus en Bruselas, el viaje de fin de curso a Grecia, aquel año en Edimburgo, y estancias esporádicas en Portugal, República Checa, Países Bajos, China,... para acabar con mi propia luna de miel (va de lunas de miel...) de un año en Nairobi, Uganda, Zanzíbar, Monte Kenia...
En China es de mala educación acabarse toda la comida en un restaurante, porque parece que te quedes con hambre. Esos dos besos tan característicos del saludo español se quedan en eso...en algo característico del saludo español y ya. He conocido algún estadounidense que se creía superior (aunque aún no entiendo en qué ni sobre quién) y a algún keniano que no da importancia ni a los cumpleaños, ni cree estar muy seguro de su edad. A españoles que se presentan como "yo soy de Barcelona" y pretenden enseñar el catalán incluso en Escocia...y a algún escocés que se apunta (pagando esas clases) a aprenderlo.
Creo que no hay cosa mejor. Que te cure y que te abra el alma. Que descubrir todos esos nuevos mundos que están en éste y que te llenan espacios, que ni siquiera sabías que tenías, del propio e interior.
jueves, 8 de enero de 2015
Una caja para el verano
"Cuando nada es seguro, todo es posible". Margaret Drabble
Cortó celo con los dientes, para terminar de amarrar la última parte de la caja que había etiquetado previamente como verano. Mientras escribía cada una de las letras que componen la palabra, con rotulador azul, inconscientemente su cabeza estaba en aquellas playas de arena harinosa blanca, con el yodo que tuvo que rociar su pie al pisar aquel erizo de mar, mientras se hacía ver con sus colegas, frente a un grupo de chicas, liderado por dos de bastante buen ver.
En esa caja, de apenas un metro cuadrado, que ocupaba la parte más alta del armario, se apretujaban no solamente los bañadores, las bermudas y los polos. Había huecos libres para mucho más. No por nada, sino porque bien es sabido que la ropa de verano ocupa mucho menos que la de invierno.
Entre la crema solar y las gafas de bucear estaban peces de todos los colores, imágenes de aquella primera vez de snorkeling. Y, al lado de las chanclas rojas, un montón de huellas de las calles más antiguas del viaje a esa capital, recogidas en una semana de julio.
En esa mancha de su camiseta preferida, que aún se había empeñado en guardar, estaban todos los sabores de la heladería del pueblo, junto a los viajes espaciales, las persecuciones policiales y todas las demás líneas escritas que le había dado tiempo a devorar con los ojos en los múltiples libros, muertos de risa, de casa de la abuela.
Fotografías bajo el agua, acompañadas del ruido de las olas y de las risas ahogadas de Jaime y Luis, una vez que salíamos del agua para ver el resultado. Y, junto al colgante de Cristina, se apelotonaban todos los besos de sal que le dio tiempo a robar, ya en los primeros días de septiembre.
Uno no es consciente de la cantidad de cosas que caben en una caja etiquetada como "verano".
lunes, 10 de noviembre de 2014
Un poquito de autopromoción
Bueno, quizá no sea el más interesante ni el más novedoso, pero aquí van mis aventuras africanas... pero solo de la parte este del continente, ¿eh?
La incomprensible sociedad tribal, la adopción como algo más que otra "opción", mi primer contacto con el continente 50 años atrás, la naturaleza ¿natural?, la agotadora a la vez que fructífera subida a los 4.985 metros de altitud del Monte Kenia, las curiosidades de Nairobi, mis prejuicios europeos, las bodas kenianas y la dote en vacas de la novia, viajes por Etiopía, Uganda y, próximamente, Tanzania... y muchas ganas de que os paséis por el blog.
La incomprensible sociedad tribal, la adopción como algo más que otra "opción", mi primer contacto con el continente 50 años atrás, la naturaleza ¿natural?, la agotadora a la vez que fructífera subida a los 4.985 metros de altitud del Monte Kenia, las curiosidades de Nairobi, mis prejuicios europeos, las bodas kenianas y la dote en vacas de la novia, viajes por Etiopía, Uganda y, próximamente, Tanzania... y muchas ganas de que os paséis por el blog.
jueves, 3 de abril de 2014
Mi viaje
¿Cómo estar tan seguros de quiénes somos si nunca nos expusimos al cambio? anónimo
Cambio. Creo que lo he experimentado en mi vida en bastantes ocasiones en los últimos meses, desde que empezó el año. Y puede que desde que terminase el anterior también. Acabo de cumplir primaveras en la ciudad donde dicen que esta estación es eterna, y llevo mascando este post hace ya varias semanas. Tenía ganas de echarlo todo.
Supongo que cuando cumplimos años es como si fuera Nochevieja y Año Nuevo en nuestra vida, y es más especial que cuando son en realidad estas fechas para todos en común; porque, de esta manera, no tienes que preocuparte de todos los acontecimientos que ha tenido el último año, acompañados de los tuyos propios y de los propósitos que te planeaste, escuchando (además) los del vecino... no. Vaya batiburrillo. Ésta es tu Nochevieja y tu Año Nuevo y los hechos que han ocurrido en el último año lo son solo para ti, querido protagonista de turno. A todos nos gusta ser el centro de atención, aunque sea de nosotros mismos. ¡Bendita simpleza humana!
En los últimos meses me he llevado decepciones de personas, de situaciones, de planes... y también he tenido momentos en los que la felicidad me ha invadido de forma improvisada. Lo que puedo afirmar con seguridad es que esto es un viaje, no me preguntéis a dónde... de verdad, olvidémonos de las metas, de los objetivos, de los logros... porque yo, simplemente, estoy caminando.
Desde que llegué a Nairobi hay mucha, muchísima, por no decir todos con los que intercambio palabras, que me preguntan qué haré, cuál será aquí mi ocupación laboral, si esta decisión me llevará a algún sitio... y sé que la mayoría se refieren al aspecto profesional. Incluso una chica que conocí el otro día me vaticinó que: "encontraría mi sitio". A esto es a lo que me refiero cuando hablo de logros y metas. Y, perdonadme todos, pero me dan alergia los últimos dos sustantivos.
He tenido rachas muy malas desde que terminé mis estudios, precisamente por estar pendiente de un objetivo final. Desesperación por encontrar algo en una carrera contrarreloj marcada por mi persona, trabajos que he considerado mediocres, inseguridad para conseguir ciertos logros estúpidos que un día me propuse o que otros propusieron para mí. Agobios, angustia y discusiones con gente, (a veces más, a veces menos), importante para mí.
Y, después de todo, te das cuenta de que nada tiene tanta importancia y que somos nosotros los encargados de dársela. Porque empezando a disfrutar de la seguridad de tener un buen trabajo en Madrid, en una editorial importante... decido dejarlo, casarme y largarme a vivir a Nairobi con mi marido. Simplemente hagamos lo que decía Kapuscinski que hace África: andemos.
martes, 20 de septiembre de 2011
Cartas del abuelo Ernesto
2-2-1963
P.D. Tengo una recomendación para el Goberanador General y espero mucho de ella.
Mi queridísima Carmen:
Tardarás en recibir esta carta, debido a que llegué con bastante retraso. Me estaba esperando Pepe (mi cuñado), en la estación, me bañé al llegar y luego comimos, pero como era día de santo, acabamos tarde.
El viaje fue bastante bueno, aunque hasta Alcázar de San Juan hizo mucho frío en el tren, ya que estaba estropeada la calefacción. Luego, la arreglaron y estupendamente, pues dormí desde las 3 hasta las 7 ó 7:30 de la mañana.
Ya te habrá contado Tere (tu hermana) que comimos y cenamos juntos. Luego me metí en el tren y a esperar.
Mucho me acuerdo de vosotros, pero tengo ilusión de tener suerte y que esta separación nos sirva para dar solución a todos los problemas y proyectos que hemos forjado juntos. Mucho me alegraría saber que los niños están contentos, pero la verdad es que estoy deseando llegar y ver si podéis veníos conmigo, pues si todo es como lo pintan los que estuvieron allí, lo pasaremos bien.
Los sobrinitos me recibieron con mucha ilusión, sobre todo María José, que me recuerda mucho a nuestra Marisa; no se separa de mí y le encanta estarme hablando, desde que llegué no ha parado ni un momento.
Dile a Chacho, que todos sus primos se acuerdan mucho de él, ya que todos me han preguntado si seguía tan gordito.
Habla con todos y diles que me encantaría saber que son buenos y obedientes, así yo estaré más contento. Como estoy en el despacho de Pepe, no puedo escribir una carta para cada uno, pero ésta es para todos.
Chachito que acueste a Teodoro y que se preocupe de él; Carmina que sea buena como siempre; Pepe que a ver si aprende pronto a escribir para que me envíe cartas; Teodoro que sea muy bueno y que no se tire de las mesas; Marisina que quiera a todos mucho y la pequeñita no dejéis de cogerla, pues ya sabes que es muy mimosa y le encanta.
A todos muchos besos, que yo les ecribiré y les enviaré una postal de todos los sitios por donde pase y cuando vaya en el barco, les escribiré cuentos para que Chacho se los lea y se acuerden mucho de su padre.
Y a tí, para qué decirte, todo es poco, no sé lo que nos deparará esta separación, pero ya me has demostrado mucho, que tienes confianza en mí y que por mí estás dispuesta a todo.
Y ya sólo besos y más besos para todos, abrazos a la abuela y Marisol (tu hermana pequeña). Y tú, recibe el cariño más grande de tu marido que te adora.
Ernesto
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