"Aquellos que eran vistos bailando eran considerados locos por quienes no podían escuchar la música", Nietzsche.
Déjame que grite cada vez que pierdo a las cartas, que grite como si fuera un niño pequeño que no sabe perder, porque es la primera vez que juega.
Déjame que baile retándote a ver si puedes igualar los movimientos de mi cuerpo al son de la música y que me sorprendas con algo mucho mejor, que me haga seguir bailando como si no hubiera un mañana.
Déjame que desayune espaguetis con tomate y que me sepan mejor que un café con tostadas, a pesar de ser las siete de la mañana.
Déjame que te cuente mis miedos sin miedo.
Déjame cantar a grito pelado por la calle y que la afonía me dure dos días, para que cada vez que abra la boca, me salga una sonrisa al recordar ese momento de locura.
Déjame quedarme dormida en el sofá y que un gato guarde mis sueños, que venga a arañarme despacito por la mañana, porque el sol hace ya tiempo que salió.
Déjame recordar cómo era reírse a carcajadas...con solo una mirada.
Déjame hacerte llorar, para poder limpiarte las lágrimas mientras hago esfuerzos por tragarme las mías.
Déjame vivir más fines de semana así.
martes, 9 de febrero de 2016
martes, 19 de enero de 2016
Las necesarias divisiones de un objetivo a largo plazo
"Caminante, no hay camino, se hace camino al andar". Antonio Machado
Siempre fui impaciente. No sé si
el hecho de que mi madre y mi abuela también lo sean tiene algo que ver. Pero
necesito ver resultados tangibles, reales y que lo que estoy haciendo en cada
momento sirva para algo o tenga algún significado. Por eso, erróneamente, he
creído toda la vida en las señales, hasta el punto de autoengañarme con
absurdeces del tipo: “si esta persona aprueba la oposición, significa que yo
también lo haré”, por poner uno de los ejemplos más recientes.
Otras veces soy más reflexiva, parte
de padre, pero nunca dejo de ser impulsiva. Recuerdo cuando uno de mis
profesores del Máster me comentó que aún no estaba admitida en dicho Máster, me
dije a mí misma que lo iba a estar, ¡vaya que si lo iba a estar! Supongo que
ese empeño emocional que hace aparición de vez en cuando, me empuja a seguir
haciendo cosas. Aunque, a veces, también aparece en el mal sentido para engañarme
a mí misma sobre lo incapaz que puedo llegar a ser.
Hay algo de lo que me he dado
cuenta en este proceso de la oposición y ha sido de mi impaciencia. También es
cierto que me está ayudando a intentar controlarla, y a otras muchas cosas,
como aprender técnicas de relajación o de parada de pensamiento, a no ser tan
dura conmigo misma y a descubrir lo que me hace seguir.
Precisamente los objetivos a “corto
plazo” me sirven para ello. Hoy he estado haciendo cuentas con el calendario y
el temario, y puede que acabe la primera vuelta en, más o menos, 6 meses. Algo
que para mí parecía no tener fin hace semanas, puede convertirse en una
realidad en junio o julio. Y me ha hecho sentirme inmensamente feliz y también
agradecida conmigo misma, porque veo que mis esfuerzos van dando resultado.
Justo ayer, mi marido me comentó
que, en la industria del videojuego, han ido perfeccionándolos hasta el punto
de que no solo lo que vale es la recompensa final, sino que también aparecen
pequeños logros por el camino, como “una estrella”, “un nuevo arma”, “alguien
que te acompaña”, etc., según sus propias palabras. Esta charla no ha podido
venir en mejor momento, porque darse una vuelta al temario quizá sea
insignificantemente grandioso, y ver posibles que pueden cumplirse me ayuda.
Me estoy dando cuenta de lo mucho
que depende la oposición de mí al escribir estas palabras. De mis horas de
estudio, de mi estado de ánimo, de mi fuerza de voluntad o de mi constancia.
Ahora que estoy metida en este mundillo, puedo afirmar que la parte más dura de
las oposiciones eres tu mismo.
jueves, 14 de enero de 2016
La perfección de la imperfección
"Mira el terreno hacia la cima de esa montaña. Es inestable, plagado de desniveles, de piedras, unas más grandes y otras más pequeñas, de árboles y de arbustos, de colores y formas. Es imperfectamente perfecto".
Tiene gracia en que no soy la
única que ha tenido crisis existenciales. Miro a mi alrededor y encuentro
numerosos ejemplos, conocidos personal o virtualmente, que también han pasado o
están pasando este tipo de baches. Quizá pueda aludirse al dicho de “mal de
muchos, consuelo de tontos”, pero prefiero, (elecciones, de eso se trata),
tomármelo como una característica intrínseca de nuestra condición humana.
Todos dudamos. No somos egoístas,
por lo que mis miedos, agobios, preocupaciones y resto de sentimientos que a
veces me acompañan, también son compañeros de muchas más personas de las que
creemos. Y el que diga lo contrario miente. Solo que, quizá por educación,
estamos acostumbrados al “todo va bien”. O quizá haya personas que prefieren
centrarse en el lado positivo de todo. Aunque ese positivismo me parece
idealista e irreal, porque las dudas no tienen porqué ser negativas, sino que
dependiendo de nuestra percepción de las mismas, pueden ayudarnos a crecer e
incluso a que los de nuestro alrededor también lo hagan. Esto mismo es lo que
me ha pasado en los últimos meses cuando he quedado con amigos y nos ha dado
tiempo a compartir algo más que un café. Me he encontrado con una que ha
llegado a tomar antidepresivos, con otra que había vuelto a terapia con su
psicóloga, con otra que también ha comenzado a visitar a este especialista, con
otro que califica este año como “de mierda” y con otra que dice que ha perdido
la ilusión. Y, después de esas charlas, hemos comentado lo a gusto que nos
hemos sentido en ese momento que hemos compartido desnudez.
No hablo de compartir desgracias,
hacerlas colectivas y recrearse juntos hasta el punto de ponerse de acuerdo
para programar un suicidio colectivo, no. Porque de eso también he tenido.
Gente que se queja siempre, constantemente y que no hace falta pararse con
ellos a tomarse un café, porque es descolgar el teléfono y ya sabes la
monotonía que te espera al otro lado del aparato. Esa clase de gente que, en
vez de decir “todo va bien”, están acostumbrados al “todo es una mierda”.
Aunque también me asustan los que
lo tienen claro todo y en ningún momento muestran un ápice de duda, de dejar
algo a la suerte, de un “quizá…”. También hay de esos y suelen ser de los que
más huyo, porque sus argumentos son tan endebles que, cuando hablan, parece que
se están explicando y tratando de convencerse a sí mismos. Como robots y no
como personas, cuya existencia está marcada por esta incertidumbre omnipresente, que ni
ellos mismos son capaces de llegar a
controlar, a pesar de sus intentos de anotarlo, anudarlo e idearlo todo a la
perfección. Porque la perfección es la imperfección.
lunes, 11 de enero de 2016
Percepciones: impresiones que nos comunican nuestros sentidos
"La felicidad no es hacer lo que uno quiere. Es querer lo que uno hace". El que más me dice que escriba y un grande: mi tío Nan.
[...]
Todo estaba dentro y afloraba en
cómo veía lo que me rodeaba. Todo el problema era yo y la solución la he
encontrado en mí. Las circunstancias que viví en 2015 consiguieron que fuese
una extraña y los últimos acontecimientos que he experimentado a final de ese
año y en éste que empezamos han hecho que vuelva a encontrarme. O, al menos,
que vuelva a encaminarme. Pero no me gusta hablar de circunstancias y
acontecimientos, sino del modo que escogemos para afrontarlos o, como
últimamente me gusta decir, vivirlos.
[...]
Y mientras llego al final de este
capítulo, suene irreal o no, ha salido el sol. Pero aún hay nubes en el cielo,
tan necesarias en algunos momentos, para dar sombra, para quitar el calor, para
crear sonrisas con copos de nieve y para cagarse en ellas cuando te has
olvidado el paraguas, o alegrarte porque te has ganado una ducha
calentita en cuanto abras la puerta de casa. Percepciones. La vida… suele ser
parecida.
martes, 5 de enero de 2016
2016: una semilla, un árbol, un bosque
"Ningún mar en calma hizo experto a un marinero"
Un nuevo año siempre suele dar
comienzo a cosas nuevas. Propósitos, pensamientos, planteamientos… de todo,
vamos. Una vez escuché decir a una persona que deseaba que el año terminase y
se fuese ya, con todas sus fuerzas, porque había sido desastroso para ella. Desde que lo escuché, renegué de esos pensamientos y esas afirmaciones
absolutas de las que tanto huyo, porque aunque haya habido momentos malos… hay
que tratar de sacar lo bueno, aunque esto solo sea el aprendizaje que puedes
extraer de ti mismo en esas adversas circunstancias.
Pero este final de año 2015 ha
sido diferente. Yo misma era esa persona que estaba deseando acabar el año y
dar la bienvenida a uno nuevo, como si éste fuera a solucionar mis
circunstancias. Hoy, a cinco días de que haya comenzado el año, me doy cuenta
de lo acertada que estaba cuando pensaba que esa chica se equivocaba en desear
que el año acabase.
Porque 2016 no ha empezado muy bien que digamos y lo malo
no se quedó en 2015. Lo malo y lo bueno son circunstancias que nos acompañan y
que tenemos que aprender a barajar o, como dice aquel dicho, “a bailar bajo la
lluvia”.
Este comienzo de año de año también ha tenido sus cosas buenas, pero
no voy a empezar con la chorrada de “me quedo con lo bueno”, porque no me lo
creo ni yo. Me voy a quedar con la vida. Con sus cosas malas y sus cosas buenas,
y con esa madurez a la que parece que estoy llegando en el año que cumplo 30.
Pero, vamos, que no es la edad. Porque después de los últimos acontecimientos,
supongo que si cumpliese 29 este año, me sentiría igual.
jueves, 19 de noviembre de 2015
Viajar
"Viajar es volverse mundano, es conocer otra gente, es volver a empezar. Empezar extendiendo la mano, aprendiendo del fuerte, es sentir la soledad". Gabriel García Márquez
Me contagié desde bien pequeñita. Íbamos a vivir en Gran Canaria, porque mi padre trabajaba allí cuando se casaron. Pero mi madre aprobó las oposiciones y, ya entonces, un trabajo fijo era el que marcaba aquella decisión. Vamos, que no se ha descubierto América con esta crisis (¿económica?,) que se extiende a cualquier rincón del mundo. ¡Coño! ¡Si ése es el mayor de mis sueños! Quién fuera crisis económica...
Y aquel garbanzo dentro de mi madre, que debía medir servidora entonces, volvió a subirse a un avión de vuelta a la Península, porque lo que iba a ser un cambio de vida, se convirtió en luna de miel.
A los 6 días viajé a Burgos. Sí, mis padres eran unos inconscientes. Pero era un rasgo inherente a su juventud, y mi abuelo materno tenía que conocer a su primera nieta... tras haber perdido una de sus piernas. Puto tabaco.
Siempre dice mi padre, cuando le hablo de viajar a otros países, que si conozco Cuenca. ¡Y qué razón! Me llevó a cualquier rincón que pudo, pero empezando por mis orígenes. La Costa del Oxígeno, los caminos que rodeaban Navacervín, me enseñaron cuán ancha es Castilla, e, incluso, pude comprobar cómo el mundo se acababa en Finisterre.
A mis 11 años nos fuimos a París. No, mis padres no vinieron. Vinieron mi hermana, 7 de mis primos paternos y otros dos adultos, a participar en la luna de miel de una de mis tías y su marido. Viaje romántico donde los haya, vamos. Me acabo de dar cuenta de que la clave son las lunas de miel.
Y, después, el mes Sheffield y Londres, el Erasmus en Bruselas, el viaje de fin de curso a Grecia, aquel año en Edimburgo, y estancias esporádicas en Portugal, República Checa, Países Bajos, China,... para acabar con mi propia luna de miel (va de lunas de miel...) de un año en Nairobi, Uganda, Zanzíbar, Monte Kenia...
En China es de mala educación acabarse toda la comida en un restaurante, porque parece que te quedes con hambre. Esos dos besos tan característicos del saludo español se quedan en eso...en algo característico del saludo español y ya. He conocido algún estadounidense que se creía superior (aunque aún no entiendo en qué ni sobre quién) y a algún keniano que no da importancia ni a los cumpleaños, ni cree estar muy seguro de su edad. A españoles que se presentan como "yo soy de Barcelona" y pretenden enseñar el catalán incluso en Escocia...y a algún escocés que se apunta (pagando esas clases) a aprenderlo.
Creo que no hay cosa mejor. Que te cure y que te abra el alma. Que descubrir todos esos nuevos mundos que están en éste y que te llenan espacios, que ni siquiera sabías que tenías, del propio e interior.
lunes, 16 de noviembre de 2015
París: la cruda realidad
"El tiempo que perdiste por tu rosa, hace que tu rosa sea importante" El Principito. Antoine De Saint -Exupéry
Y el tiempo que se le dedica a París, hace a París importante. No a la ciudad en sí, o quizá sí, porque París siempre fue especial, siempre quedará. Donde el amor se geolocaliza, compartiendo su ubicación; y, donde se dice que nació la Edad Contemporánea a golpe de "Libertad, Igualdad y Fraternidad".
París se merece hoy (y ayer) un crespón negro en la página de busqueda de Google; redes sociales teñidas de blanco, de rojo y de azul; se merece seguir presente en los primeros titulares de cada medio de comunicación digital y en cada portada de periódico de papel(al menos, españoles), dos días después.
París se merece quejas personalizadas por este mundo injusto, al demostrar que no somos iguales. Que los franceses son ciudadanos de primera, pero que entre todos esos ciudadanos de primera no está el conjunto de la población francesa.
Y, humana y previsible que soy, se merece una nueva entrada en mi blog, meses después de aquel frío post de enero.
París hoy es la mayor representación de un mundo, (sí, injusto, ¿ya quedó claro?), globalizado.
Armas estadounidenses en Siria. Ciudadanos sirios en Europa. Soluciones europeas para un grupo organizado cuyo elemento más característico es una religión común. Un grupo organizado que se financia gracias a petróleo que vende a Occidente. Una zona del mundo que se escandaliza con la masacre francesa. Una masacre francesa que hace reaccionar a multitud de personas, reclamando un también tratamiento de "escandalizadoras" a masacres en otras partes del mundo. Otras partes del mundo a las que les llega, de primera mano, información sobre estos atentados también de primer orden. Un primer orden que se dibuja ¿cada vez? más claro.
Y unos franceses que no tienen la culpa, pero que así la están sufriendo. Como sirios, eritreos, nigerianos... y demás personas.
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