"Las frías mañanas en la facultad,
tú casi siempre huías conmigo al bar,
y me enfadaba si preferías
el aula a mi compañía.
Sobre la mesa botellas vacías,
qué sano es arrancarte esa risa,
y ahora cambiemos el mundo, amigo,
que tú ya has cambiado el mío". Ismael Serrano
Hubo una época en la que no había preocupaciones. Nos creíamos unos niños que coincidieron en el colegio. Al menos, en la última etapa del colegio. Un curso. Y todo mezclado: los nervios de aquel que entra en primero, de aquel que acaba de llegar, del que empieza a probar... y de la sensación de estar ya en último curso: que se acaba, vamos a aprovechar. Destino. 13.000 pueblos de España y algunos extranjeros, que eso, decían, daba caché.
Tonteábamos con hipótesis, con argumentos, con definiciones, mil y una teorías, con Huntington y también tonteábamos entre nosotros. Alguno hasta hacía magia. "Aquella mañana de la presentación, al volver a casa le dije a mi compañero de piso: tengo unas compañeras guapísimas".
Sólo importaba el momento. Vivir como si no hubiera un mañana. Hasta dormir nos parecía malo. Se hablaban mil idiomas, pero una mirada en Petschen bastaba para entenderte.
Quemamos Madrid. Dicen que el humo llegó hasta un pueblo de Ávila. Al son de una guitarra llamada artista que no tenía culpa de nada. Y en febrero, junio y septiembre ardieron neuronas en un lugar donde decían que éramos agua. Nos parecía un mundo...y hoy te das cuenta de que no era para tanto. Ni en un sentido, ni en el otro... Bueno, quizá "la muerte" sí. ¡Qué digo!, "la muerte" siempre será para tanto...tal y como su nombre indica.
Y de vez en cuando me pasa, que, cuando me encuentro con alguno de ellos...parece como si el tiempo no hubiese pasado. Estábamos parados, estábamos de pie...en un mundo aparte. Una caña y todo vuelve a la normalidad. Me da a mí que esto no lo entienden ni en la China Popular...¿O sí? y lo más gracioso es que alguno podría contestar a esta pregunta...
viernes, 20 de enero de 2012
viernes, 23 de diciembre de 2011
Era su sonrisa
"Un día sin sonrisas es un día perdido". Charles Chaplin.
Botas blancas. ¡Vaya una hortera!. Botas blancas. ¡¡¡¡¡Botas blancas!!!!! Odio las botas blancas. Se ensucian, parecen de plástico. ¡Madre mía! ¡Botas blancas!
Vaqueros. Chaqueta azul, de ésas que parece que no abrigan mucho. Bufanda. Brazos cruzados protegiendo el cuerpo del frío. Efectivamente, no abrigaba mucho. Melenita corta, por debajo de las orejas. Flequillo corto. Alguna onda. Tinte castaño claro. Tinte seguro. Yo me hice eso hace años y se me quedó ese color.
Y de repente, saluda, como hacen todos sus ¿amigos? ¿estaría con amigos?, al que faltaba, al que acaba de llegar. Y sonríe. Tiernamente. Sigue sonriendo. Parece que le interesa lo que dice ése al que acaba de saludar. Y se vuelve a cruzar los brazos, pero no deja de sonreír.
¡La de cosas que puede hacer una sonrisa! Ni las botas eran ya tan horteras, ni creo que el pelo fuese teñido. Simplemente sonreía.
Feliz Navidad
Botas blancas. ¡Vaya una hortera!. Botas blancas. ¡¡¡¡¡Botas blancas!!!!! Odio las botas blancas. Se ensucian, parecen de plástico. ¡Madre mía! ¡Botas blancas!
Vaqueros. Chaqueta azul, de ésas que parece que no abrigan mucho. Bufanda. Brazos cruzados protegiendo el cuerpo del frío. Efectivamente, no abrigaba mucho. Melenita corta, por debajo de las orejas. Flequillo corto. Alguna onda. Tinte castaño claro. Tinte seguro. Yo me hice eso hace años y se me quedó ese color.
Y de repente, saluda, como hacen todos sus ¿amigos? ¿estaría con amigos?, al que faltaba, al que acaba de llegar. Y sonríe. Tiernamente. Sigue sonriendo. Parece que le interesa lo que dice ése al que acaba de saludar. Y se vuelve a cruzar los brazos, pero no deja de sonreír.
¡La de cosas que puede hacer una sonrisa! Ni las botas eran ya tan horteras, ni creo que el pelo fuese teñido. Simplemente sonreía.
Feliz Navidad
lunes, 12 de diciembre de 2011
A mediados de diciembre ya puedo hablar de Navidad
"Jesucristo era un tío normal, pacifista, intelectual,
siempre al lado de los pobres, defendiendo sus valores,
siempre en contra del capital.
Crucificado como un animal, defendiendo un ideal.
El abuso de riqueza se convierte en la miseria más injusta
de la humanidad". Ska-p
Haré mi propia visión de la Navidad. Luces de colores y olor a castañas asadas.Escaparates divinos. A cada cual más boniiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii (y me faltan íes)to.Niños disfrazados de pastorcicos (dejemos a los niños, al fin y al cabo ellos no tienen la culpa de nada). Padres que visten a niños de pastorcicos y, de paso, les compran petardos.Familias que se reúnen al "calor" del hogar... con las críticas de la cuñada de turno en la cena de Nochebuena o el novio de ocasión de la prima de siempre, nos subirán los calores para el todo enero y febrero... Y gracias a esa exaltación propia de la euforia que nos produce criticarpasaremos calentitos lo que nos queda de invierno.Cenas ostentosas no. Lo siguiente.Lotería, que este año me toca, así que me dejo los cuartos. ¿Qué más da comer en enero? Carpe Diem, quelo llaman. El problema es que me gusta. Obviedades como las anteriores que me hacen ir de sobrada... no. Eso lo olvido.Como la mayoría de los mortales con los que me cruzo, viniendo de comprar "el gorro a juego con el disfraz de pastor de Paquito"; "la terminación 5, que es la única que me falta de la lotería"; "y la falda más guachipiruleta de Zara para estar exquisita en Nochevieja..." Me gusta. Ver bolas brillantes en los escaparates. Y cenar con Samuel, Fernando, Antonio y Pablo en Nochebuena y que... de repenteaparezca el tío Rafa vestido de Papá Noel. Me gusta pensar que ese momento va a llegar al ver las bolas brillantes del escaparate anterior. Y oler a leña al llegar al llegar al pueblo. Y salir por la noche y al respirar fuerte ver como se reflejatu aliento en el aire. Vaho. Hay algo en Navidad. No digo que sea bueno. Digo que simplemente: hay algo.
domingo, 20 de noviembre de 2011
Democracia
"La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que conduce al despotismo". Montesquieu
Se levantó en Madrid. Parecía contento. Aunque pensaba que habría amanecido nublado en su tierra, más al norte, pegando al mar y recordó la primera vez que tuvo que hacer lo mismo que haría hoy...más de 30 años atrás. Mientras preparaba café, decidía que barra de labios le iría mejor a su traje de chaqueta rosa, siempre rosa... a juego con sus ideales,valores y pintalabios del último par de años, y, por qué no decirlo, incluso antes también. Aliviado, besó a su mujer, sabía que sería despedido por abucheos... pero, tenía que confesarse a sí mismo (¿a quién sino?), que también esperaba algún aplauso. Acordándose, en Sevilla, de sus años como vicepresidente, no podía evitarlo en aquellas fechas, se miró en el espejo y se dio cuenta de que el paso del tiempo se reflejaba en las múltiples canas que recorrían su anterior cabeza morena. Impecable, decidió poner algo de verde, color de la esperanza, en su perfecto y sencillo ("ahí es donde se diferencia el buen gusto") tocado. Y se limpió las gafas antes de salir de su casa de Barcelona, aún sabiendo que tendría que volver a hacerlo al menos otro par de veces a lo largo del día. Porque aquel día llovía.
Y lo vio al despertarse y lo sintió aquella noche como mil relojes de agujas aporreando el cristal de su ventana. Y mientras pensaba qué ponerse. Y al meter la mano en el paragüero. Y al activar el limpiaparabrisas.
Porque aquel día...llovía.
Se levantó en Madrid. Parecía contento. Aunque pensaba que habría amanecido nublado en su tierra, más al norte, pegando al mar y recordó la primera vez que tuvo que hacer lo mismo que haría hoy...más de 30 años atrás. Mientras preparaba café, decidía que barra de labios le iría mejor a su traje de chaqueta rosa, siempre rosa... a juego con sus ideales,valores y pintalabios del último par de años, y, por qué no decirlo, incluso antes también. Aliviado, besó a su mujer, sabía que sería despedido por abucheos... pero, tenía que confesarse a sí mismo (¿a quién sino?), que también esperaba algún aplauso. Acordándose, en Sevilla, de sus años como vicepresidente, no podía evitarlo en aquellas fechas, se miró en el espejo y se dio cuenta de que el paso del tiempo se reflejaba en las múltiples canas que recorrían su anterior cabeza morena. Impecable, decidió poner algo de verde, color de la esperanza, en su perfecto y sencillo ("ahí es donde se diferencia el buen gusto") tocado. Y se limpió las gafas antes de salir de su casa de Barcelona, aún sabiendo que tendría que volver a hacerlo al menos otro par de veces a lo largo del día. Porque aquel día llovía.
Y lo vio al despertarse y lo sintió aquella noche como mil relojes de agujas aporreando el cristal de su ventana. Y mientras pensaba qué ponerse. Y al meter la mano en el paragüero. Y al activar el limpiaparabrisas.
Porque aquel día...llovía.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Una sonrisa con ojos verdes
"Como siempre: Lo urgente no deja tiempo para lo importante". Mafalda. Quino
Ella sonreía sin cesar. Daba igual que lloviera dentro o fuera de casa. Se fijaba en los detalles. Se dejaba querer.
Doña Carmen la veía todas las mañanas cuando cogía el 22 en la Plaza de Aristóteles. Mientras ella no hacía más que sonreír, incluso a las baldosas de la calle... Doña Carmen venía de dar el desayuno a su marido, en estado vegetal desde el accidente de aquel 25 de agosto... Y no podía evitar envidiarla. Envidiar su sonrisa sincera y sus inocentes ojos verdes. ¡Cuántas veces deseó que le pasara algo malo a aquella muchacha!
Julia estaba harta del borracho de su hijo, que le robaba dinero cada mañana, antes de que ella se hubiese despertado. Y también estaba harta de esa chica, que sonreía al son de los auriculares que tenía enganchados a las orejas desde las 8 de la mañana... la hora que se cruzaba con ella en la esquina del comercio de lotería. "¡Dichosa chavala!", pensaba con sarna y sarcasmo a las 08:00:01 horas...
Pedro la veía por la ventana. Jamás le quiso. Y aún así, tenía que aguantar verla sonreír así... Cada tarde cuando volvía del trabajo y él, aún en el bar... intentaba echar el cierre a todos aquellos ansiosos de una caña más, de una palabra más, de una excusa más para no volver a casa,...
Y un día dejó de sonreír. Y dijeron los médicos que el marido de Carmen estaba curándose milagrosamente de aquel estado vegetal. Y el hijo de Julia ponía un pie, por su propia voluntad (dijo su madre) en el Centro de Ayuda al Drogodependiente (CAD). Y Pedro se cruzó con los ojos marrones de Mamen al otro lado de la barra...y un marrón siempre fue más fuerte que un verde.
Dicen que, fue por aquellos días, cuando también ella dejó de sonreír...
Ella sonreía sin cesar. Daba igual que lloviera dentro o fuera de casa. Se fijaba en los detalles. Se dejaba querer.
Doña Carmen la veía todas las mañanas cuando cogía el 22 en la Plaza de Aristóteles. Mientras ella no hacía más que sonreír, incluso a las baldosas de la calle... Doña Carmen venía de dar el desayuno a su marido, en estado vegetal desde el accidente de aquel 25 de agosto... Y no podía evitar envidiarla. Envidiar su sonrisa sincera y sus inocentes ojos verdes. ¡Cuántas veces deseó que le pasara algo malo a aquella muchacha!
Julia estaba harta del borracho de su hijo, que le robaba dinero cada mañana, antes de que ella se hubiese despertado. Y también estaba harta de esa chica, que sonreía al son de los auriculares que tenía enganchados a las orejas desde las 8 de la mañana... la hora que se cruzaba con ella en la esquina del comercio de lotería. "¡Dichosa chavala!", pensaba con sarna y sarcasmo a las 08:00:01 horas...
Pedro la veía por la ventana. Jamás le quiso. Y aún así, tenía que aguantar verla sonreír así... Cada tarde cuando volvía del trabajo y él, aún en el bar... intentaba echar el cierre a todos aquellos ansiosos de una caña más, de una palabra más, de una excusa más para no volver a casa,...
Y un día dejó de sonreír. Y dijeron los médicos que el marido de Carmen estaba curándose milagrosamente de aquel estado vegetal. Y el hijo de Julia ponía un pie, por su propia voluntad (dijo su madre) en el Centro de Ayuda al Drogodependiente (CAD). Y Pedro se cruzó con los ojos marrones de Mamen al otro lado de la barra...y un marrón siempre fue más fuerte que un verde.
Dicen que, fue por aquellos días, cuando también ella dejó de sonreír...
miércoles, 19 de octubre de 2011
La madre de la ciencia
"La paciencia es la madre de todas las ciencias". Refranes, proverbios, sentencias y adagios de la lengua española.
Lo conseguí. Puedo mirar por la ventana pensando qué escribir. Y darme cuenta de que el tiempo es el peor enemigo del hombre. Escuché en la radio, hace un par de semanas, mientras realizaba la ardua tarea de llevar a mi ahijadito Antonio al colegio en coche, que el tiempo es un invento del hombre. Y, mientras mi tía se recuperaba de un aborto por malformaciones en el feto, Alejandro estudia oposiciones, Andrés cumple años a pesar de aquel accidente que le dejó en estado vegetal...yo escribo quizá la entrada del blog más personal, la más relacionada con mi propia existencia, la que más desnuda mi propio ser, la que deja la puerta abierta a mis propias preocupaciones, pensamientos y gente que me rodea.
Dicen que todo llega. Entretanto voy a meterme en la redacción de un segundo blog. Y, si me siento con fuerzas, en un futuro hasta de un tercero... todo llega, ¿no?
Lo conseguí. Puedo mirar por la ventana pensando qué escribir. Y darme cuenta de que el tiempo es el peor enemigo del hombre. Escuché en la radio, hace un par de semanas, mientras realizaba la ardua tarea de llevar a mi ahijadito Antonio al colegio en coche, que el tiempo es un invento del hombre. Y, mientras mi tía se recuperaba de un aborto por malformaciones en el feto, Alejandro estudia oposiciones, Andrés cumple años a pesar de aquel accidente que le dejó en estado vegetal...yo escribo quizá la entrada del blog más personal, la más relacionada con mi propia existencia, la que más desnuda mi propio ser, la que deja la puerta abierta a mis propias preocupaciones, pensamientos y gente que me rodea.
Dicen que todo llega. Entretanto voy a meterme en la redacción de un segundo blog. Y, si me siento con fuerzas, en un futuro hasta de un tercero... todo llega, ¿no?
martes, 20 de septiembre de 2011
Cartas del abuelo Ernesto
2-2-1963
P.D. Tengo una recomendación para el Goberanador General y espero mucho de ella.
Mi queridísima Carmen:
Tardarás en recibir esta carta, debido a que llegué con bastante retraso. Me estaba esperando Pepe (mi cuñado), en la estación, me bañé al llegar y luego comimos, pero como era día de santo, acabamos tarde.
El viaje fue bastante bueno, aunque hasta Alcázar de San Juan hizo mucho frío en el tren, ya que estaba estropeada la calefacción. Luego, la arreglaron y estupendamente, pues dormí desde las 3 hasta las 7 ó 7:30 de la mañana.
Ya te habrá contado Tere (tu hermana) que comimos y cenamos juntos. Luego me metí en el tren y a esperar.
Mucho me acuerdo de vosotros, pero tengo ilusión de tener suerte y que esta separación nos sirva para dar solución a todos los problemas y proyectos que hemos forjado juntos. Mucho me alegraría saber que los niños están contentos, pero la verdad es que estoy deseando llegar y ver si podéis veníos conmigo, pues si todo es como lo pintan los que estuvieron allí, lo pasaremos bien.
Los sobrinitos me recibieron con mucha ilusión, sobre todo María José, que me recuerda mucho a nuestra Marisa; no se separa de mí y le encanta estarme hablando, desde que llegué no ha parado ni un momento.
Dile a Chacho, que todos sus primos se acuerdan mucho de él, ya que todos me han preguntado si seguía tan gordito.
Habla con todos y diles que me encantaría saber que son buenos y obedientes, así yo estaré más contento. Como estoy en el despacho de Pepe, no puedo escribir una carta para cada uno, pero ésta es para todos.
Chachito que acueste a Teodoro y que se preocupe de él; Carmina que sea buena como siempre; Pepe que a ver si aprende pronto a escribir para que me envíe cartas; Teodoro que sea muy bueno y que no se tire de las mesas; Marisina que quiera a todos mucho y la pequeñita no dejéis de cogerla, pues ya sabes que es muy mimosa y le encanta.
A todos muchos besos, que yo les ecribiré y les enviaré una postal de todos los sitios por donde pase y cuando vaya en el barco, les escribiré cuentos para que Chacho se los lea y se acuerden mucho de su padre.
Y a tí, para qué decirte, todo es poco, no sé lo que nos deparará esta separación, pero ya me has demostrado mucho, que tienes confianza en mí y que por mí estás dispuesta a todo.
Y ya sólo besos y más besos para todos, abrazos a la abuela y Marisol (tu hermana pequeña). Y tú, recibe el cariño más grande de tu marido que te adora.
Ernesto
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