jueves, 22 de enero de 2015

Una idiota más

"Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas". Albert Einstein.


Creo que ese día ha llegado y que yo soy una de esos idiotas.


Tecnología pegada al bolsillo todo el día. A modo de almohada. Delante de mis ojos cada 15 minutos. Utilizada para grabar lo más importante que está ocurriendo a mi alrededor. Y también para compartirlo. Tecnología que facilita el contacto con gente que hace semanas que no veo; incluso meses. Y que ayuda a olvidarme de la conversación del que tengo frente a mí, ya sea mi amiga, mi marido o mi madre: "Perdona, ¿qué decías?". Causante de enfados debido a esto. Dañina para mi cabeza, para mi cuerpo e incluso para mis óvulos. Omnipresente. Lo primero que hago al levantarte y lo último antes de acostarme: "Espera, un minuto, ya apago". Mi conexión al mundo. Mi desconexión de lo que sucede entre las cuatro paredes, calles, semáforos o donde coño quiera que esté. Cadenas hechas con teclas y todos conectados en una cárcel, mirando al exterior a través de una ventana que no tiene rejas, pero sí cuatro esquinas.

jueves, 8 de enero de 2015

Una caja para el verano

"Cuando nada es seguro, todo es posible". Margaret Drabble

Cortó celo con los dientes, para terminar de amarrar la última parte de la caja que había etiquetado previamente como verano. Mientras escribía cada una de las letras que componen la palabra, con rotulador azul, inconscientemente su cabeza estaba en aquellas playas de arena harinosa blanca, con el yodo que tuvo que rociar su pie al pisar aquel erizo de mar, mientras se hacía ver con sus colegas, frente a un grupo de chicas, liderado por dos de bastante buen ver.

En esa caja, de apenas un metro cuadrado, que ocupaba la parte más alta del armario, se apretujaban no solamente los bañadores, las bermudas y los polos. Había huecos libres para mucho más. No por nada, sino porque bien es sabido que la ropa de verano ocupa mucho menos que la de invierno.

Entre la crema solar y las gafas de bucear estaban peces de todos los colores, imágenes de aquella primera vez de snorkeling. Y, al lado de las chanclas rojas, un montón de huellas de las calles más antiguas del viaje a esa capital, recogidas en una semana de julio.

En esa mancha de su camiseta preferida, que aún se había empeñado en guardar, estaban todos los sabores de la heladería del pueblo, junto a los viajes espaciales, las persecuciones policiales y todas las demás líneas escritas que le había dado tiempo a devorar con los ojos en los múltiples libros, muertos de risa, de casa de la abuela.

Fotografías bajo el agua, acompañadas del ruido de las olas y de las risas ahogadas de Jaime y Luis, una vez que salíamos del agua para ver el resultado. Y, junto al colgante de Cristina, se apelotonaban todos los besos de sal que le dio tiempo a robar, ya en los primeros días de septiembre.

Uno no es consciente de la cantidad de cosas que caben en una caja etiquetada como "verano".

lunes, 10 de noviembre de 2014

Un poquito de autopromoción

Bueno, quizá no sea el más interesante ni el más novedoso, pero aquí van mis aventuras africanas... pero solo de la parte este del continente, ¿eh? 



La incomprensible sociedad tribal, la adopción como algo más que otra "opción", mi primer contacto con el continente 50 años atrás, la naturaleza ¿natural?, la agotadora a la vez que fructífera subida a los 4.985 metros de altitud del Monte Kenia, las curiosidades de Nairobi, mis prejuicios europeos, las bodas kenianas y la dote en vacas de la novia, viajes por Etiopía, Uganda y, próximamente, Tanzania... y muchas ganas de que os paséis por el blog. 

lunes, 27 de octubre de 2014

En su nube azul

"Ya conozco unos cuantos que son como usted... que me ofrecen veneno cuando tengo sed..." Fito




Bueno, hace ya unos meses(dios mío, desde antes de venirme a vivir a Nairobi), que descubrí un blog. Me enganchó tanto que me imprimí las entradas que me quedaban por leer, para las horas que duró aquel viaje de ida a esta ciudad. La autora, que debió pensar que estoy zumbada, me agradeció entre sorprendida y (yo creo que también) asustada ese gesto.

El caso es que, como ya hice una vez con un blog del que soy seguidora habitual, quiero hacer lo mismo con éste... porque me ha vuelto a enganchar y lo estoy volviendo a disfrutar como si de una novela se tratase.

Os invito (¡cómo si fuera mi casa!, pero es que te hace sentir así) a que echéis un ojo a cómo se vive en su nube azul. Un lugar donde quieren a los perros; donde te desternillas de risa con su ironía y ocurrencias; donde, con el paso del tiempo, han aparecido nuevos habitantes; donde la sinceridad aparece en cada palabra y donde os vais a quedar.

Drew, gracias por ser tan cercana; deberías publicar tus memorias, porque trabajé en una editorial y tus post son mejores que muchos de los libros que me encontré allí. 

lunes, 20 de octubre de 2014

Desencanto

Recuerdo cuando estaba terminando 2º de Bachillerato. Tenía algunas amigas que sabían a qué querían dedicarse el resto de su vida desde antes de cumplir los 18 que nos correspondía ese año y yo, por supuesto, no podía hacer otra cosa que admirarlas. ¡Qué capacidad de decisión! ¡Qué seguridad en sí mismas! Creo que entonces comprendí aquel término de "envidia sana".

Si hay algo que me marcó en mi infancia fue el teatro. Desde que vi actuar a mi mejor amiga en una obra que se llevó todos los premios del certamen en el que entonces participaba mi colegio, decidí apuntarme a teatro. Y seguí haciendo teatro hasta que acabé el colegio, porque, en aquel entonces, no había opción de apuntarse en el instituto y, supongo, que la maldita adolescencia me hizo dejar de preocuparme por el séptimo arte. 

Cuando llegué a 2º de Bachillerato, seguía teniendo un bonito recuerdo por el teatro y, como había que decidir YA qué narices de carrera universitaria estudiar al año siguiente, decidí que quería escribir guiones o, incluso, dirigir obras de teatro o películas de cine. Finalmente, me metí en Periodismo y el gusanillo de informar se me empezó a meter por el cuerpo. Así que no, como ya me pasó en el instituto, yo no sabía que quería ser periodista hasta que no empecé la carrera; no como les ocurrió a muchas de mis compañeras de facultad, que ya se sentían Ana Blanco desde que se ducharon solas por primera vez y la "alcachofa" de la ducha hacía las veces de micrófono.

Y aquí es donde entra en juego el título de este post. Creo que fui de las mejores estudiantes de nuestra época, no por mis buenas notas, sino por las numerosas prácticas laborales que hoy en día figuran en mi CV. Y es que he estado en todas partes: tele, radio, prensa, agencias de noticias y de comunicación. Ojo, esto no quiere decir que no haya muchos CV por ahí bastante parecidos al mío. 

Pero este año la gota que colmó el vaso de mi desencanto hacia esta profesión ha caído hasta rebosarlo. Y vuelvo a sentirme como aquella chica de 18 que estaba algo perdida con respecto a su futuro.

Creo que los profetas que abundan en este mundillo tienen parte de culpa. Aún estoy esperando que Grecia salga de la Unión Europea, el rescate a la economía española, los millones de contagiados por la gripe A (primero) y el ébola (después) en España, que Casillas deje el Real Madrid y una sarta de gilipolleces más que leo y escucho entre cábalas y predicciones que poco tienen que ver con información.

Quizá que a muchos se les llene la boca con la famosa frase de: "yo soy periodista" tampoco ayude. Pero esta frase puede cambiar la última palabra, aplicándosele a cualquier recién licenciado universitario que se crea en el derecho de usarla por el hecho de haberse aprendido artículos, formas y postulados que poco tienen que ver con el ejercicio profesional. Yo, ahora mismo, puedo decir que estudié Periodismo, pero que estoy trabajando como gestora cultural de una embajada... por lo tanto, no soy periodista. Igual que la mayoría de amigos que se licenciaron conmigo. Por tanto, 1+1 creo que siguen siendo 2.

Y que me gusta. Me gusta no tener claras las cosas ni con 18 ni con 28, porque tenemos muchísimas posibilidades a nuestro alcance. No quiero quitar méritos a aquellas amigas que ya sabían cómo iba a transcurrir su vida en los próximos años. 

Pero hoy, bueno, supongo que esto es resultado ya de algunos meses pensándolo... estoy desencantada.

miércoles, 30 de julio de 2014

Esquezofrenia

"(...)que nadie quiere estar solo; que para dar debimos recibir antes; que para que nos den hay que saber pedir; que saber pedir no es regalarse (...)" Mario Benedetti


Y eso es lo que me pasaba. Que no quería estar sola, que no sabía, que me daba miedo, que tenía una venda en los ojos que no me dejaba ver y que me había encargado de atar bien. Y cada vez que se me aflojaba, volvía a atarla con más fuerza. Me estaba quedando ciega, quizá por mi coqueta manía de no ponerme las gafas.


Hasta que di descanso al cerebro, que había tenido funcionando demasiado durante los últimos meses y me permití empezar a sentir con algo que bombeaba en mi pecho. Y le di demasiada responsabilidad a este nuevo encargado de llevar mi vida; aunque, como todo buen novato, cometió errores, (que, evidentemente, repercutieron en mí), pero que le hicieron ganar experiencia. 


Y el cerebro volvió de esas vacaciones más que merecidas. Y se fueron dando tregua el uno al otro. El uno ya no me ordenaba que me atase fuerte la venda que se caía poco a poco de los ojos, porque el otro le convencía de que había que sentir más allá de esa zona de confort que el primero un día creó.

Mirando atrás, sé que tomé la decisión correcta. Aunque quizá tomé la única, ya que el resto de posibilidades no han llegado nunca a existir realmente. Pero eso solo lo sé hoy, reuniendo los hechos en este cuento.

viernes, 27 de junio de 2014

Alejandro

"En el universo hay mundos innumerables y tu ya has conquistado uno". Cita modificada de Alejandro Magno



La parte más interesante de un Máster bautizado por muchos como "inútil". Las pestañas más largas que mejor han sabido mirarme. Mi alma gemela. Guardián de tesoros escondidos tras una cerradura con forma de Picos de Europa. Hipnotizador de los dos sentidos más importantes del ser humano, debido a esas inmejorables narraciones contadas o escritas. Mozo de almacén de atardeceres, que le permiten convertirse en incansable buscador de estrellas; sin darse cuenta, de que la que más brilla le espera siempre al otro lado del espejo.